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LA DISTRACCIÓN DEL RINOCERONTE
A ver, los indígenas
dicen que es loco,
los blancos que es miope o idiota,
por cierto que es incomprensible:
embiste con furia a leones,
trenes, arbustos y esqueletos
con ese trote infernal,
contra enemigos imaginarios
y se detiene de pronto
para olfatear con negligencia
una hojita cualquiera.
Perdida la mirada en horas interminables
puede observarnos con fijeza.
Sabe nadar y se ahoga sin más.
¿Dónde estás rinoceronte?
¿Distraído, miope, temeroso, idiota?
Pura contradicción, cristalizado
en neblinas remotas,
aferrado a las rutinas
de idénticos itinerarios
en un mundo de estrechas
murallas invisibles,
su coraza esquizofrénica
-la debilidad de su furia-,
lo acorralan en cambios imposibles,
ensimismado en tabúes
o al Grial de los orígenes.
No lo sé y digo creo
que los indígenas tienen razón:
el rinoceronte es loco.
de Memorias del zoo
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